Ya queda menos para ‘Fable: The Journey’


Peter Molineux es uno de los gurús contemporáneos de la industria de los videojuegos, pero a diferencia de otros como Tim Schafer, que despierta admiración unánime, o Will Wright, cuya inteligente creatividad está fuera de duda, Molineux tiene tantos seguidores como detractores. Es el creador de ‘Fable’, una saga de videojuegos, a caballo entre la aventura gráfica y el rol que saltó a la fama por su humor amable –a lo Tim Schafer, por cierto- y el hecho de que el personaje cambiara de aspecto físico según su moral. El primer título de la saga impresionó, el segundo gustó y el tercero decepcionó: más y más de lo mismo. Está bien, sí, pero es lo mismo, y la repetición hasta la hez, tan eficaz en los juegos deportivos, en las aventuras gráficas y en los RPG es algo imperdonable.

Peter Molineux ya ha abandonado Lionhead Studios, la compañía con la que desarrolló todos esos juegos. No obstante, antes de irse dejó en el horno ‘Fable: The Jorney’, el cual será disfrutable para los usuarios de Kinect.

Parece que el juego va a tender más hacia los shooters, aunque no habrá armas de ningún tipo. ¿No? No. ¿No habrá espadas? No, ni arcos, ni arcabuces tampoco. ¿Entonces? Magia. ¿Y a qué se debe esta simplificación del arsenal? La respuesta es simple, por sencilla y por simplona: al cerebro humano.

Las palabras del señor Molineux son muy elocuentes y están bien traducidas. No sería justo parafrasearlas. Aquí van, pues. Paladeen sin reír.

Podríamos haber hecho armas cuerpo a cuerpo, pero una de las cosas que odio de este tipo de armas, al igual que con las de fuego, es que el cerebro humano está codificado para esperar un retroceso de esas acciones.

Cuando blando una espada y golpeo con ella algo en pantalla, los gráficos y el sonido no son suficiente. Podríamos haber hecho lo mismo que en Zelda: Twilight Princess, donde sin importar lo que hagas, lo que sucede en la pantalla es siempre lo mejor. Pero yo quería que la gente se sintiera poderosa, que sintiera el poder, y eso está en ti.

El tema con respecto a la magia es que no hay nada codificado en nuestra mente sobre cómo deberíamos sentirnos al usarla. Así que ni pistolas ni espadas.

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