Shigeru Miyamoto, premio Príncipe de Asturias

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La primera exposición de los impresionistas fue motivo de burla. Y lo mismo sucedió con los fauvistas –bestias, podría traducirse, o salvajes-, quienes recibieron ese apelativo con intención despectiva por su impredecible uso del color. Tanto el impresionismo como el fauvismo, y otros tantos ismos artísticos fueron en su día vanguardia rompedora y hoy son clásicos consolidados. El cine comenzó siendo una atracción de feria. El cómic, un pasatiempo infantil. La fotografía, una máquina de generar retratos siniestros. La música electrónica, ruido. ¿Y los videojuegos? Bah, un entretenimiento electrónico para niños insociables.

Afortunadamente, frente al ancla mental de los más retrógrados, está el coraje de los creadores y el disfrute de los sensibles sin prejuicios; ya lo describió muy bien hace unos cuantos años Umberto Eco en una de las biblias de la semiótica y de la cultura contemporánea: ‘Apocalípticos e integrados’.

Todo esto viene a cuento porque el último galardonado con el premio Príncipe de Asturias de Comunicación no es otro que nuestro admiradísimo Miyamoto, padre de Mario, padre de Zelda, padre de ‘Nintendogs’, padre de la videoconsola Wii y del accesorio Wiifit…

Con este premio, no sólo se reconoce la creatividad de un artista imponente, sino que se abre la puerta de la cultura académica al arte de los videojuegos. ¿Cuáles son las fronteras que separan ocio, arte y cultura? La respuesta no es clara y en ningún caso se llegará a una univocidad satisfactoria, pero lo que sí es innegable que los galardones institucionales tienen un peso importante a la hora de que algo sea considerado cultura –ojo: adviértase que digo “sea considerado”: obviamente no es imprescindible que un jurado te señale para que tu labor sea cultural, ni el hecho de ser señalado te convierte en generador de cultura… pero lo cierto es que este hecho sí presenta tu trabajo al gran público con cierto aval-.

Este premio que va a recoger Miyamoto es motivo de alegría para toda la industria del videojuego, para todos los aficionados, pero más para Miyamoto, que es el que se lleva el dinerito.

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